José Francisco Pena Gómez: Desde el día de su fallecimiento hasta  su sepelio

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José Francisco Pena Gómez: Desde el día de su fallecimiento hasta  su sepelio

Por Andrés Matos  

10 de mayo del 1998. Era domingo. El Partido Revolucionario Dominicano, PRD, liderado por él, desarrollaba un amplio programa de cierre de campaña con miras a las elecciones municipales y congresuales pautadas y celebradas una semana después.

Eran las primeras votaciones separadas de las presidenciales, desde 1968, debido a la aplicación de la modificación Constitucional que permitió la salida pacífica e institucional a la crisis surgida por el fraude cometido contra la candidatura presidencial de Pena Gómez, el pasado 16 de mayo del 1994,

La boleta blanca del Distrito Nacional, hoy Gran Santo Domingo, era encabezada por él y la doctora Milagros Ortiz Bosch, a la sindicatura y senaduría respectivamente. Ese día organizamos una gigantesca “marcha caravana” de cierre, que culminó en la denominada Región Oeste, comprendida por los actuales municipios Santo Domingo Oeste, Los Alcarrizos, Pedro Brand y sus distritos municipales.

El doctor José Francisco Peña Gómez, debió estar en esa manifestación. La capital era el bastión mas fuerte, electoral y político del PRD, por lo que, en su condición de líder y candidato debió estar en ella. Sus militantes y muchos de sus habitantes, deliraban cuando lo veían caminar o correr por sus avenidas, calles y callejones, delirio que era reciprocado con su habitual sonrisa, saludos o una elevación de sus brazos con puños cerrados en señal de fortaleza. 

¿Por qué no asistió? El día anterior, sábado, había acudido a Bani a reforzar con su liderazgo en la correspondiente marcha de cierre del partido allí, cuyas boletas estaban encabezadas por el ingeniero Vicente castillo a Senador, por la provincia Peravia y Chacho Landestoy a la sindicatura del municipio cabecera.

Allí fue arropado por una lluvia que cubrió parte del trayecto de la manifestación, afectando aún más su salud, lacerada por un agresivo cáncer iniciado en el Páncreas, el cual había acrecentado sus efectos inmediatamente pasaron las elecciones presidenciales del 1996.

A la fecha, este servidor era el vocero de los regidores de la capital y era el candidato en el #2 a diputados en la boleta congresual, producía y dirigía, junto al fenecido doctor Príamo Medina, Delcio Agramonte, Joseph, Báez, entre otros, el histórico programa Tribuna Democrática, por Radio Comercial, por el cual, con una alta frecuencia el líder hablaba al país.

Alrededor de las 7:00 de la noche, luego de participar en la Gran marcha citada del DN, estaba junto a mi Compañero y cuñado Ramón Rodríguez, Moncho, en un acto artístico de cierre de la Juventud Revolucionaria Dominicana, JRD, encabezada por Tony Peña Guaba, en el parque Eugenio María de Hostos.

Se me presentó llorando angélica Ubiera, valiosa compañera y empleada del partido, con estas frases “Licho, sucedió, sucedió, ¡qué dolor!, y ahora que vamos a hacer”. Moncho y yo prendimos nuestro Toyota Corola 1985, y sin mediar, arrancamos para Cambita. Sabíamos a qué se refería Angélica.

Cuando llegamos, veloz me dirigí a la casa. En el corto trayecto rebasé a los reformistas, el exrector de la UASD Roberto Santana y José Osvaldo Leger, de quienes escuché decir “Licho ve más lento, que ya murió”. Inmediatamente subí hasta llegar a su alcoba. Allí lo encontré todavía en su cama, esperando que llegara el ataúd que lo abrigaría siempre.

Estaban Doña Peggy, su esposa, Ana María Acevedo, su entrañable colaboradora y, su gran amigo y soporte político, Lic. Hatuey De Camps, a la sazón Secretario general del Partido, ya que meses antes, en la convención del Distrito, celebrada en el Club San Carlos, Peña había designado como presidente al doctor Enmanuel Esquea Guerrero.

En este momento, Hatuey me llamó al balcón y me dijo “He logrado el permiso del presidente Fernández velarlo en el Estadio Olímpico, lo vamos a trasladar esta noche a la funeraria y mañana a partir de las 8:00 de la mañana lo llevaremos para que su pueblo lo vea por última vez”, “Tu serás responsable del micrófono. Yo te diré lo que vamos hacer, estaré contigo ahí”

Al paso del féretro, toda la autopista 6 de noviembre estaba iluminada con velas y abarrotada de personas, de lado y lado durante todo el trayecto. La televisión le llevó ese momento memorable a todo el territorio del país.

El lunes 11, antes de la llegada del féretro con el cadáver del mas extraordinario líder político que yo conociera, ya el Centro Olímpico estaba abarrotado de personas, se organizaron largas filas de gente que querida verlo por última vez. Solo segundos era el tiempo permitido.

INTERVENCIÓN DE FELIPE GONZÁLEZ.

El martes 12 de mayo, era el día de las intervenciones políticas. En la mañana, se expresaron los líderes del partido y algunos miembros la Internacional Socialista, de partidos extranjeros amigos del doctor Peña Gómez, que rápidamente llegaron, incluyendo el líder europeo, su amigo entrañable, Felipe González, quien culminó con aquella frase lapidaria “Peña Gómez, yo te quiero como amigo, y te deseo que la tierra te sea más leve que lo que te fue la vida, que pese menos sobre ti que la carga que has llevado siempre sobre tus hombros. Querido Peña Gómez, has ganado siempre, incluso cuando perdías, porque ganabas en el corazón de ese pueblo que sabe que tu eres el presidente de los dominicanos desde hace muchos años. Tu eres el presidente en el corazón de este pueblo y lo seguirás siendo. Ojalá tu partido y tu gente esté a la altura de tu corazón y de tu generosidad”.  

El momento crítico se presentó en la tarde, con la presencia de los doctores Joaquín Balaguer y Leonel Fernández, expresidente y presidente de la república, respectivamente. Me correspondió anunciar desde el micrófono esas presencias.

Primero, arribó el presidente Balaguer, a pasos lentos y cortos. Fue recibido como si fuera en “la alfombra roja” hasta con rosas rojas. ¡vaya sorpresa! Creo que no duró más de 30 minutos en el lugar. Sus condiciones físicas y su prudencia política permanente no le permitían más.

A partir de las 4:00 de la tarde, llegaría el presidente de la República, doctor Leonel Fernández. Antes de la llegada del doctor Balaguer, escuchaba al licenciado De Camps conversar con alguien por teléfono, reiterándole la negativa a que se presentara el doctor Marino Vinicio Castillo, Vincho. 

En un momento, le escuché decir “Norge, no se atrevan a venir aquí con Vincho Castillo”. Ahí me di cuenta que hablaba con Norge Botello, creo era Secretario de Interior y quien coordinaba la presencia presidencial en el velatorio. También me enteré de la intención de que el polémico doctor Castillo formara parte de la comitiva presidencial. No ocurrió. Finalmente, Norge aceptó el pedido de Hatuey.

La llegada del presidente Fernández fue muy accidentada, los presentes estaban airados. La comitiva encabezada por el primer mandatario fue recibida violentamente, le lanzaron cáscaras de guineos maduros, bagazos de naranja, objetos contundentes y una expresión colectiva acompañados de las consignas, en alto voz: ¡que se vayan, que se vayan, aquí no son gratos!

No logro entender aún, por qué ese hostil recibimiento a la comitiva del presidente Fernández contrastando la agradable brindada al presidente Balaguer, tomando en cuenta la diferencia del nivel de hostilidad que ambos líderes hacia las aspiraciones presidenciales y la vida del difunto.

Miércoles 13, todo normal. Al final de la tarde se organizó el escenario para una misa de cuerpo presente, sorprendente para la mayoría, que fuera oficiada por el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez. Fue notoria la presencia del Cuerpo Diplomático, empresarios y personalidades del país y del extranjero.

Otra mayor sorpresa causó al escuchar al final de la misma, al oficiante pedir al pueblo que honre con su voto la memoria del doctor José Francisco Peña Gómez. Aplausos largos sonaron de las palmas de los presentes.

En ese momento recibí otra llamada del licenciado Hatuey De Camps. Me dijo: “ven a la 6:00 de la mañana, tenemos que hacer algo”.

Era viernes, 14 de mayo, me presenté a la hora sugerida por De Camps. Nos montamos en su jeepeta, él conducía y yo ocupaba el asiento del pasajero delantero. Fuimos al programa El Día, conducido por Huchi Lora, en la Canal 11 de telesistema. Ahí anunció el itinerario del cadáver del líder perredeista. Salía a las 10:00 AM, hacia el local del PRD en la avenida Bolívar, luego iría al palacio del ayuntamiento del Distrito Nacional y de allí al cementerio Cristo Redentor.  

Del programa El Día nos trasladamos al Centro Olímpico. Yo fui a mi casa. Tenía que cambiar la vestimenta, ya que el protocolo requería traje blanco para los regidores hacer guardia de honor ante el féretro con el cadáver. Una lluvia constante y torrencial, estuvo presente desde la llegada de la caravana fúnebre al ayuntamiento, la cual acompañó a la enorme multitud que seguía por toda la autopista Duarte, los restos mortales del líder negro de los blancos.

No tenía información de que debía desempeñar algún otro papel protocolar. Empapado por la lluvia, con mi traje blanco enlodado, ya con el cadáver en el cementerio, en la intersección de las avenidas Monumental y República de Colombia, me encuentra un compañero en una moto, para decirme que Hatuey estaba llamándome. Me monté con el compañero, llegamos, Hatuey me entrega el micrófono y me dice que, junto a otro compañero, no sé si fue Tony Raful o Príamo Medina, íbamos a conducir el programa de actos en el sepelio. Nos correspondió presentar a personalidades como Ricardo Lagos, presidente de Chile, Serge Gilles, líder político haitiano, entre otros. MISIÓN CUMPLIDA POR ESE DÍA.

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