Un colectivo se organiza para ayudar con arriendos y mercados a las trabajadoras sexuales de Medellín durante la pandemia

Putamente Poderosas ha hecho campañas de fondeo, que han permitido auxiliar a 1.000 familias del sector informal en la segunda ciudad más importante de Colombia.

En Colombia, como en la mayoría de los países de la región, las medidas de aislamiento social obligatorio impactaron principalmente al sector más vulnerable de la población, ese que vivía al día desde mucho antes de que el virus llegara a sacudir al mundo entero: los comerciantes informales y las trabajadoras sexuales. 

A ese sector abandonado, discriminado y sin acceso a salud, vivienda o subsidios para adquirir alimentos, le quitaron de golpe la calle, los clientes y la posibilidad de hacerse del sustento diario para mantener a sus familias.

Pero así como el coronavirus se propagó rápidamente, también lo hizo la solidaridad de la gente. O al menos eso fue lo que sucedió en la ciudad de Medellín, capital del departamento de Antioquia (noroccidente de Colombia). 

A mediados de marzo, el colectivo Putamente Poderosas —conformado por nueve mujeres y un hombre— organizó una primer campaña de fondeo para comprar comida y artículos de higiene a la población que trabaja en el sector informal, que según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), es del 40,8 % en Medellín y la zona metropolitana. 

Entrega de ayudas alimentarias y dinero en el centro de Medellín.Sergio González / Cortesía de Putamente Poderosas

Cuando la gente se volcó hacia su campaña y comenzó a llegar la ayuda, el colectivo salió a los barrios del centro —en la zona de La Veracruz, el Parque de Berrío y la Plaza Botero— para informar a la población sobre los riesgos del coronavirus.

En esta labor preventiva, las voluntarias de Putamente Poderosas regalaron gel antibacterial y conversaron con las trabajadoras sexuales sobre cómo debían protegerse.

Al decretarse la cuarentena nacional obligatoria, el colectivo se cuestionó: ¿qué harán estas mujeres, muchas cabezas de familia, para sobrevivir a la cuarentena obligatoria?, ¿en dónde dormirán sus hijos cuando sus madres no puedan pagar sus inquilinatos, esos cuartos pequeños que pagan al día?

La premisa para ellas era relativamente simple, pero encapsulaba una dolorosa realidad. “No es posible hacer cuarentena si no hay que comer, ni en donde resguardarse”, anunciaron en sus redes. 

Una beneficiaria de la campaña junto a sus hijos, en Medellín, Colombia.Sergio González / Cortesía de Putamente Poderosas

Melissa Toro, fundadora de Putamente Poderosas, explica en entrevista con RT que las ayudas gubernamentales de la alcaldía de Medellín para este sector de la población tardaron 45 días en llegar.

“Dime qué hubieran comido durante un mes y medio”, dice. 

Pero ellas, insistentes, lanzaron una campaña de fondeo para pagar canastas alimentarias a más de 100 familias y “amadrinar” inquilinatos, con el objetivo de que los trabajadores de este sector tuvieran un apoyo mientras no podían salir a la calle a buscar el sustento diario. 

“Logramos encontrar la forma de poder ayudar a estas personas”, dice Toro.

Para evitar cualquier problema, el colectivo se encarga directamente de pagar los inquilinatos con los administradores de las viviendas compartidas.

“Estamos seguros que van a poder dormir tranquilos y en paz en el lugar donde viven”, dice Melissa.

Conforme aumentaban los casos confirmados de coronavirus, la solidaridad iba creciendo en Medellín.

Con la ayuda de gente que creyó en sus 10 campañas lanzadas, así como fundaciones y empresas solidarias, el colectivo ha recaudado unos 190 millones de pesos colombianos (unos 50.760 dólares al tipo de cambio de hoy). 

Con esta cantidad, Putamente Poderosas ha entregado más de 2.000 mercados o canastas alimentarias para más de 250 familias, además de ayudar con 800 auxilios de vivienda. 

Al otro lado de la línea, Toro se llena de alegría al hablar de las reacciones de las familias cuando recibieron la ayuda.

“Las trabajadoras sexuales tienen una gratitud infinita, inmensa, porque normalmente nadie se había preocupado por ellas”, dice. 

Cuando nació el colectivo, las chicas de Putamente Poderosas sentían que en Medellín hacía falta visibilizar y dignificar a las trabajadoras sexuales, históricamente excluidas y estigmatizadas. 

Aunque las desigualdades son inmensas y las brechas persisten, desde esta organización se sienten motivados por la respuesta de una pequeña parte de la sociedad de Medellín que miró a este sector y, en medio de una pandemia, ha sabido extender sus brazos de solidaridad.

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *