Jóvenes atrapados en la depresión por Covid


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Jóvenes atrapados en la depresión por Covid

Juan Salazar
Santo Domingo, RD.-La mayoría de las veces se piensa que los tentáculos de la depresión llegan mayor­mente a las personas afecta­das por una enfermedad ter­minal, un quiebre amoroso, precariedades económicas o cualquier otro estresor com­plicado del diario vivir.

No es así. Este trastorno mental, la principal causa de suicidios en el país, pone de manifiesto a cada momento que puede atacar incluso en las situaciones más simples de la convivencia humana.

El Covid-19 también ha creado nuevos escenarios para que la depresión anide y muestre sus efectos devas­tadores en personas que han debutado con un trastorno mental que nunca soñaron con padecer, incluidos mu­chos jóvenes que han mostra­do incapacidad para manejar los efectos nocivos de la pan­demia.

El psiquiatra José López Pena, quien es el director del Centro de Atención Sicoso­cial y Desarrollo Humano (RESIDE), considera preocu­pante que muchos jóvenes estén acudiendo a consul­tas por ansiedad, trastornos del sueño y depresión, ago­biados por la falta de socia­lización debido al encierro prolongado, el estrés por el teletrabajo y la ansiedad que les genera la docencia virtual.

El especialista indicó que sin dudas habrá un antes y un después en materia de sa­lud mental por el Covid. “An­tes no era habitual ver tantos jóvenes con ansiedad y de­presión, pero ahora es más común porque la pandemia nos ha bajado un cambio de golpe”, agregó.

LISTÍN DIARIO decidió hurgar en diversas manifes­taciones depresivas a causa del Covid-19 y expone esos hallazgos sobre las situacio­nes que han sacudido el esta­do de ánimo de algunas per­sonas durante la pandemia.

Teletrabajo lo abatió
Alberto, de 30 años, tenía la costumbre de enfrentar el estrés saliendo a las calles a compartir con amigos y a di­vertirse. Con el largo período de encierro por el Covid-19 y los horarios de toque de que­da le resultaba imposible.

A esto se sumó que el te­letrabajo le provocó una al­teración del sueño sin una causa aparente y la imposibi­lidad de adaptarse a ese nue­vo estilo de vida lo sumió en un trastorno depresivo ma­yor. Los efectos han sido difi­cultad para conciliar el sueño, falta de apetito y un bajo ren­dimiento laboral.

Cuenta que era una perso­na funcional, pero ahora se siente “apagado”, ya que la falta de socialización le ha im­pedido “botar el estrés” con salidas a pasear, divertirse y compartir con los amigos.

Terminó en consulta psi­quiátrica y medicado porque “lo que me gustaba hacer an­tes, ya me pesa”. Ha perdido el interés por las cosas que an­tes disfrutaba hacer.

También trastorno del sueño
Jenny, de 28 años, se fue al campo por un mes porque su trabajo estaba ligado a la industria turística, una de las áreas que dejó de operar des­de marzo del presente año debido al largo confinamien­to por el nuevo coronavirus.

Cuando retornó a su ru­tina, primero mediante el teletrabajo, se iba a la cama y se levantaba más tarde, pero al volver a la moda­lidad presencial en la em­presa donde labora, ahora tiene serias dificultades pa­ra conciliar el sueño. La fal­ta de sueño ha afectado su estado de ánimo y su rendi­miento en el trabajo ha dis­minuido, lo que la ha sumi­do en depresión.

Jenny siente que se ha de­teriorado su calidad de vida por la dificultad de apagar su cerebro en las noches, pues se queda prácticamente en vigi­lia y descansa muy poco.

Sin empleo
Una mujer de 35 años tuvo una recaída en la depresión que prácticamente había su­perado y que le sobrevino por la infidelidad de su esposo.

Fue suspendida por la em­presa donde laboraba por la pandemia y mantenía la es­peranza de retornar a su tra­bajo, pero finalmente la can­celaron.Su esposo también quedó desempleado y, tener más tiempo ambos ahora pa­ra compartir en el hogar, ha re­abierto en ella las heridas que dejó la infidelidad de su cón­yuge.

La falta de recursos llevó a la pareja a buscar ayuda psi­cológica en el sector público. Aunque las consultas son gra­tuitas, se les dificulta obtener la totalidad de los medica­mentos que ella requiere para su tratamiento.

Ella se siente actualmente una mujer disfuncional y los problemas económicos en el hogar por deudas y otras pre­cariedades, han deteriorado la relación de pareja y familiar.

Estudios y el Covid
Mary, una estudiante de 19 años, cayó en una depresión que casi la lleva a abandonar sus estudios universitarios.

Su madre se contagió de Covid-19 y al ser una pacien­te con cáncer se vio en estado crítico. Estuvo 15 días hospi­talizada con sus pulmones se­riamente afectados y algunos de sus familiares perdieron la esperanza de que saliera con vida.

“Yo quedé sin trabajo por la pandemia también, no po­día casi atender las clases vir­tuales porque mi madre es­taba mal, y mi internet no daba abasto para yo entrar a las videoconferencias”, cuenta Mary, quien permanecía des­pierta hasta altas horas de la madrugada para realizar las tareas que asignaban sus pro­fesores.

Explicó que es la única de las hijas de su madre que es­tá con ella porque las demás residen en Estados Unidos y no podían viajar al país por la pandemia.

“Llegué a un estado de de­presión y nervios que estaba pensando en retirarme de mis estudios hasta el año que en­tra por falta de recursos. Tuve que tratarme con un sicólogo para soportar y seguir ade­lante con la situación”, precisó la joven estudiante.

Intranquila
En la misma medida que co­menzaron a incrementarse los casos de Covid-19 en el país, creció la preocupación e in­tranquilidad de Alexandra.

Su principal temor era salir a las calles, contagiarse y luego infectar a sus padres. “Todo lo que veía en las redes me po­nía más nerviosa, porque ha­cían mucho hincapié en que ese virus afectaba mayormen­te a las personas mayores y que era muy fácil para ellos morir”, añadió la joven de 20 años, quien refirió que cayó por esa causa en ansiedad y depresión.

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