¿Cómo identificar un conducto lagrimal obstruido?


Un conducto lagrimal obstruido es una situación de relativa frecuencia que afecta la circulación de las lágrimas oculares. Sobre todo suele molestar a bebés recién nacidos que presentan una obstrucción congénita del canal.

El problema es que cuando el drenaje se altera, los gérmenes proliferan con más facilidad en el ojo. Por eso aumenta el riesgo de sufrir infecciones. De ahí que en muchos casos sea necesario establecer un tratamiento.

¿Cómo funcionan los conductos lagrimales?

Antes de explicar qué sucede cuando un conducto lagrimal está obstruido, es importante conocer cómo funciona el sistema de drenaje ocular. Las lágrimas se producen en las glándulas lagrimales que se encuentran en la zona de los párpados superiores.

Estas lágrimas se encargan de lubricar y proteger la superficie ocular. Los canalículos permiten que las lágrimas se desplacen hacia el saco lagrimal. Una vez allí, descienden por los conductos que también se denominan nasolagrimales.

Estos conductos permiten que las lágrimas pasen a través del hueso nasal hacia la parte posterior de la nariz. Allí se reabsorben. Todo este circuito hace posible que el líquido se renueve y arrastre cualquier partícula o microorganismo nocivo. También interviene en la presión ocular.

Síntomas de un conducto lagrimal obstruido

Un conducto lagrimal obstruido hace que todo el sistema de drenaje se altere. Las lágrimas se acumulan en el ojo en cuestión y, además, el ojo se irrita. Tal y como explican los especialistas de la Clínica Mayo, el síntoma principal es el lagrimeo excesivo y constante. El mismo puede mantenerse durante días.

Además, la visión se puede volver borrosa y todo el ojo estar irritado y enrojecido. Es frecuente que, debido a la obstrucción, se produzca una infección. Es decir, se origina una conjuntivitis.

También suelen aparecer costras en los párpados y secreción de mucosidad o pus. De hecho, cuando hay un conducto lagrimal obstruido las infecciones suelen ser a repetición o no responden bien a tratamientos habituales.

La conjuntivitis a repetición es una complicación frecuente en la obstrucción de los conductos lagrimales.

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¿Qué lo provoca?

El trastorno puede aparecer como consecuencia de numerosas situaciones. Como señalamos al principio, es una situación relativamente frecuente en bebés. De hecho, según explica un artículo de revisión, 1 de cada 25 bebés nace con un conducto lagrimal obstruido o ambos.

Esto se denomina obstrucción congénita. Se debe a que los niños no tienen el sistema de drenaje desarrollado de forma completa. También puede suceder porque haya una pequeña membrana de tejido que bloquee el conducto.

A medida que envejecemos, también nos podemos encontrar con el problema. Así lo explican en el Manual MSD, señalando que otra causa frecuente son las fracturas que afectan a los huesos de la zona, como el nasal.

Otros orígenes del conducto lagrimal obstruido son las enfermedades inflamatorias crónicas. Por ejemplo, la sarcoidosis y la granulomatosis. Lo mismo sucede con infecciones como las conjuntivitis por el virus del herpes simple.

Un estudio realizado en el Instituto Cubano de Oftalmología explica que los tumores en la nariz o en el sistema de drenaje lagrimal son muy raros. No obstante, aunque infrecuentes, pueden dar lugar a esta situación. Los tratamientos frente al cáncer, como la quimioterapia, se asocian a la aparición también.

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Factores de riesgo para tener un conducto lagrimal obstruido

Se han identificado una serie de factores que aumentan el riesgo de que aparezca un conducto lagrimal obstruido. El primero de ellos es la edad. Es una situación que tiende a incrementar su incidencia a medida que envejecemos.

Un artículo publicado en la Revista de Ciencias Médicas de Pinar del Río explica que esta patología es mucho más común en mujeres mayores. La media de edad son los 71 años. Esto también se relaciona con el hecho de haberse realizado alguna cirugía previa en la zona de los ojos, la nariz o las fosas nasales.

Sobre todo se ha visto que se relaciona con medicamentos empleados para tratar el glaucoma. Por eso, las personas que tienen la patología padecen mayor riesgo. Aquellas que se someten a tratamientos oncológicos también.

Prevención del conducto lagrimal obstruido

La prevención del conducto lagrimal obstruido se dirige, más bien, a intentar evitar las complicaciones derivadas de este problema. Sobre todo las infecciones. Para conseguirlo es esencial extremar la higiene en todo lo relativo a los globos oculares.

En primer lugar hay que lavar las manos con frecuencia y detenidamente. Nuestras manos son un foco de infección y tendemos a tocarnos los ojos a menudo. Este gesto también es esencial evitarlo. Otro paso a seguir es evitar utilizar lentillas o hacerlo con sumo cuidado, ya que también propician las infecciones. A la hora de maquillarse no se deben compartir los utensilios, como el rímel o el lápiz.

Posibles tratamientos del conducto lagrimal obstruido

El tratamiento del conducto lagrimal obstruido depende de cada caso y de qué esté causando dicho problema. Por ejemplo, tal como explica la American Academy of Ophthalmology, la mayoría de los bebés con obstrucción congénita no requieren tratamiento.

Esto se debe a que, a medida que crecen, madura el sistema de drenaje y se elimina la obstrucción. Sin embargo, si esta situación no mejora puede ser necesario establecer un abordaje activo.

Uno de los pilares del tratamiento del conducto lagrimal obstruido son los antibióticos. Se pueden emplear mediante colirios o por vía sistémica. Con ellos se reducen o eliminan las infecciones oculares.

Otra forma es utilizar la dilatación y el sondeo para tratar de abrir la obstrucción. Es una técnica que consiste en introducir una pequeña sonda por el lagrimal hacia el conducto. Una vez ahí, se dilata. También se emplea el catéter balón, que es algo similar a la anterior.



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