Aumy Guerra, bicampeona mundial de boliche, se retira de la selección dominicana

La bicampeona mundial, Aura Mireya Guerra López, la atleta con más renombre en el boliche, para cualquiera de las dos ramas, ha decidido alejarse de las pistas de competencia, pero no de su deporte, sino de la selección nacional, cuya camiseta vistió con tanto orgullo.

Aumy Guerra perteneció a la selección nacional de boliche por más de la mitad de su vida. Ella seguirá en los bolos, pero no en competencias oficiales de la selección dominicana de boliche. “Parte del motivo de mi retiro es que, a nivel competitivo, de lo que quiero ganar, demostrar, ya no es la meta”, dijo Guerra.

“Esta decisión es una decisión de vida. Estoy enamorada de mi deporte. No es el más atractivo, pero uno no decide de quien se enamora, simplemente sucede”, señala. Y expresa que al dedicarse a una disciplina tan poco popular en el país, a ella no le “falta nada por lograr”.

“A mis 44 años necesito trazarme nuevas metas, no quedarme en una situación donde yo sé lo que viene, que es el declive. Si te quedas demasiado tiempo antes de tu retiro, no vas a terminar bien”, sostiene. “Estoy muy orgullosa de lo que he ganado, pero no puedo aferrarme a eso”.

Primer paso en los bolos

La primera vez que jugó boliche fue en la ya desparecida Bolerama Naco, tenía alrededor de 13 años. “Estábamos ahí por diversión”, recuerda la jugadora, quien andaba con su hermana Karina, después de salir del colegio San Judas Tadeo, institución que quedaba “muy cerca”.

Pero ahí solo probó de lo que luego sería su gran atracción. Pasaron unos cinco años sin profundizar en los bolos, esa pausa de un lustro terminó cuando vio que abrieron el Zebelén Bowling Center en 1995.

Su pasión se incrementa mucho más después de vestir la franela por primera vez. En el 1996 viaje al torneo internacional de las Américas que fue mi primera competencia internacional. Esa primera camiseta que me puse para mí fue increíble. Ya sabía que era lo que yo quería”.

La atleta, que acumula sobre los 200 trofeos en su hogar, conquistó campeonatos en cualquier escenario en el que se presentó. “Mi carrera ha sido exitosa. Me siento satisfecha con los logros que he obtenido, en el sentido de que vengan más logros, te puedo decir que ya estoy satisfecha”.

Es para sentirse así, pues es campeona mundial dos veces corridas (2010-2011) de la Copa QubicaAMF, el evento de lujo de este deporte.

Calmada, relajada y bajo el ambiente de una conversación de lo más normal, esta “guerrera” del boliche anunció su adiós. Solo un trofeo le hubiera gustado conseguir, el oro de unos Juegos Panamericanos. “Me faltó la medalla de oro de los Juegos Panamericanos. Tengo de todos los colores, me quedé en la plata”, dice refiriéndose al segundo lugar en los Panamericanos de Toronto 2015.

Este miércoles 5 de mayo, Aumy estuvo de cumpleaños y ya es momento de dejar la camiseta. “Ya tengo 44 años y entiendo que un último ciclo olímpico, a mis 44, tendré 48”, señala Guerra. “Creo en la excelencia, de trabajar duro, y creo encontrar las herramientas para lograr tus metas. Si no tengo las herramientas correctas para lograr mis metas, entonces estoy en el lugar equivocado”.

Su retiro en nada significa una despedida del boliche. “Tengo 25 años con la selección, es más de la mitad de mi vida”, pero aun así se la verá bolear en Panamá, Puerto Rico y Costa Rica, torneos que están en su agenda. Claro, también aquí. Hasta que no pueda más.

Y ahora que se va de la selección dedicará su tiempo con igual pasión, como lo ha hecho con el boliche, a la edición de videos en su estudio Aumy G Films.

Agradecimientos

Así se lanza a una nueva trayectoria, sin dejar de agradecer a quienes considera responsables del éxito de su anterior carrera.

“Si esto -su carrera- fuera una película y los créditos salen en orden de aparición, debo agradecer a las siguientes personas”, señala.

Y detalla de esta manera: “Llegué tan lejos primeramente por mi familia, que entiendo que es la familia perfecta, para lograr las metas que me he trazado. Me apoyaron en todo momento y me siguen apoyando. a la familia Zebelen”.

El segundo en aparición es “Don Rolando Zebelén, que fue el pionero del boliche y que lo ha mantenido en pie a través de muchas situaciones”.

Sigue en el orden, “Manuel -Tuto- Fernández, quien fuera mi patrocinador y se convirtió en una especie de Cristóbal Marte para mi carrera”. Fernández fue presidente de la Federación Dominicana de Boliche, en buena parte de la trayectoria de Guerra.

Fue Fernández quien trajo a su entrenador, que es el cuarto en aparecer en la lista de agradecimiento. “Craig Woodhouse fue una constante de apoyo técnico y emocional durante toda mi carrera. Mi entrenador Woodhosue, durante 25 años escuchó mis promesas de ganar algo grande y creyó en mí”.

Luego continúan “un millón de personas más a las que me gustaría agradecer, que también jugaron su rol”. Esas están en su tintero.

Tres grandes momentos

“Tengo tres momentos”, dice Aumy que le impactan en su trayectoria.

El primer momento es una medalla en equipo en el campeonato panamericano de boliche, en el cual Anny Henríquez, Aida Sánchez, Paola Méndez, Paula Vilas y ella ganaron una medalla de bronce.

Allí superaron a los equipos de Estados Unidos, Canadá, Venezuela. “Y nosotros no figurábamos para subir al podio”, señala. “Ese grupo de cinco jugadoras no figurábamos en esa tabla, eso fue en el 2009”.

La enseñanza es “saber que trabajando en equipo, trae resultados no importa quien tu sea. No teníamos nada que buscar en ese podio y nos subimos. Eso me cambio el momento. Ese panamericano marcó mi carrera”. Y es de ahí que aprende que “si haces las cosas bien, todo te va a salir bien”.

Otro momento fue ganar su primera Copa Mundial QubicaAMF en 2010. “Fue como ganarse la lotería. Yo nunca he sido favorita en nada. En la Copa Mundial, luego, yo me gané eso. Pero mi característica como competidora es que puedo ganar todo, o quedar fuera”.

El otro momento impactante fue verse cerca de su tercera corona corrida en la Copa. “El otro momento fue una de las copas mundiales que no gané, la que era para ser tres consecutivas. Eso me rompió el corazón. Ocurrió en 2012, en Breslavia, Polonia. Era tanta la expectativa. Yo clasifiqué primera a esa final y luego me venció la niña de Singapur”.

El sueño del una casa, pero del boliche

Ahora que ella dice adiós a la selección, sin dudas le hubiera gustado coronar su trayectoria con la “casa nacional del boliche”, un sueño por el que tanto luchó y que le gustaría ver cumplido.

“Estaba jugando boliche en espera de que se construya una casa, pero sé que esa meta no es viable, al menos de momento”, reconoce la atleta.

“Sé que en esta etapa de mi carrera, sin una casa, sin un centro de alto rendimiento, mi último ciclo olímpico yo prefiero que sea un ciclo exitosos, productivo y no terminar mi carrera que sea un ciclo en lo que puediera ser. Y lo mejor de mí ya yo lo di”, reflexiona.

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