El voto de confianza otorgado por el Congreso al Gobierno de Perú: ¿lapso de gobernabilidad o preludio del choque?

El voto de confianza otorgado por el Congreso al Gobierno de Perú: ¿lapso de gobernabilidad o preludio del choque?

La aprobación del nuevo gabinete relajó los nervios por un rato, sirvió para mostrar un gobierno negociador y reconfiguró la vocería opositora, que estuvo monopolizada los últimos meses por el fujimorismo y el conservadurismo radical.

El voto de confianza que logró el gabinete del presidente Pedro Castillo, en el complejo panorama legislativo peruano, es una señal de avance que produce el nuevo gobierno en medio de una crisis que ha podido explotar si el Congreso no otorgaba el beneplácito al primer ministro, Guido Bellini, y su equipo, quienes consiguieron 73 votos a favor y 50 en contra, sin abstenciones.

La principal base de apoyo del voto de confianza en el legislativo no fue solo el número de curules del partido de gobierno, Perú Libre, que a pesar de ser el más grande tiene apenas 37 escaños y necesitaba al menos 66 para lograrlo. Lo que permitió su triunfo fue también el reconocimiento, por parte de los partidos de oposición moderada Acción Popular (AP) y Alianza para el Progreso (APP), de la gravedad de la actual situación, que puede estar a punto de un sismo político de pronóstico reservado con una enorme probabilidad de impactar en la economía con saldos cuantiosos.

AP y APP otorgaron su confianza a Bellini y bajaron las expectativas que tenía la derecha radical, conformada por Avanza País (ultraliberal) y Renovación Popular (extrema derecha) junto al fujimorismo de Frente Popular (FP), de acabar con el gobierno de una vez, utilizando su principal arma: el ‘terruqueo’ o criminalización política, del que Bellini ha sido el principal objetivo junto al presidente de su partido, Vladimir Cerrón, acusados de terrorismo y corrupción apenas resultaron ganadores de la segunda vuelta presidencial.

Miedo a la ‘chilenización de Perú’

Estos partidos moderados consideran, por ahora, que acelerar la confrontación política contra el nuevo gobierno, de corte eminentemente popular, puede trasladar el conflicto político-institucional a la calle y, así, empujar a Perú al precipicio de una ingobernabilidad como la que han vivido sus vecinos Colombia y Chile durante los últimos tiempos. Una pequeña chispa puede ‘chilenizar’ al Perú.

El gobierno de Castillo y su respaldo popular podrían generar algunos cambios simbólicos y sociales e impedir que la brecha se ensanche hasta provocar un choque frontal entre fuerzas sociales.

Desde hace meses, los grados de conflictividad vienen aumentando. La situación institucional y económica luce resquebrajada y la profundización de la grieta cultural puede traer efectos imponderables. El gobierno de Castillo y su respaldo popular podrían generar algunos cambios simbólicos y sociales e impedir que la brecha se ensanche hasta provocar un choque frontal entre fuerzas sociales.

Para el conservadurismo y el fujimorismo, el voto de confianza fue el rompimiento del espejismo que les recorría, según el cual, el ‘comunismo no podía llegar al poder’. Estos partidos consideran ‘legítimo’ desestabilizar de manera radical para provocar una muerte súbita del gobierno, sin importarles el costo que el país tenga que pagar.

Vuelve la pelota al gobierno

El gobierno ya venía de mostrar debilidades con la renuncia del canciller Héctor Béjar, que no pudo llegar a un mes de gestión. Pero el triunfo de Bellido en el Congreso explica la necesidad de ceder no solo espacios –porque la política internacional siguió en el mismo sentido–, sino también alguno de los nombramientos incómodos.

Seguidores de Pedro Castillo durante el voto de confianza en el Congreso, Lima, 26 de agosto de 2021Sebastian Castaneda / Reuters

Igualmente, esta renuncia evidencia que el gobierno mostró ingenuidad en su comienzo. A pesar que tomó otras decisiones como las de mantener a Julio Velarde, el mismo presidente del Banco Central de Reserva de los gobiernos anteriores, no pudo salir totalmente airoso de la molienda contra el gabinete.

Sin embargo, el resultado del episodio revela el triunfo de Bellini e implica un paso firme que cambia el agresivo estado de ánimo, al menos por un rato.

Bellini y la estrategia de politización simbólica

El pasado jueves, Bellini, con su presentación del gabinete ante el legislativo, protagonizó un acontecimiento político del que supo sacar ventaja y continuar la estrategia de politización simbólica: llegó sin corbata, comenzó hablando en quechua y brindó homenaje a Túpac Amaru.

Parte de la sala se horrorizó y la presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, le pidió que tradujera y hablara en castellano. Allí Bellini conectó su primera victoria, porque reducía el resultado de la votación interna a un problema secundario en relación al gran conflicto histórico.

Así como el candidato Pedro Castillo logró el triunfo electoral con un posicionamiento simbólico-popular, Bellini sigue produciendo actos simbólicos para interpelar a los movimientos y sectores y generar convocatoria hacia el escenario que podría estar por venir: la defensa del gobierno en las calles.

Por eso este triunfo de Castillo en el Congreso no es poca cosa. Manda una señal de que sabe negociar y de que puede ganar en el plano institucional. Pero también hace ver que la postergación de la conflictividad, que supone este voto de confianza parlamentario, mete al gobierno en los pantanos de la gestión presidencial: por lo pronto no tendrá que ir a la calle a defenderse, pero sí tendrá que operar el Estado y hacer gobierno, y eso es lo más difícil, sobre todo por la situación que vive Perú.

Tampoco es cosa fácil desmontar el neoliberalismo, que ha hegemonizado la vida social peruana en los últimos 30 años.

Los partidos moderados van a tener ahora un fuerte poder de negociación para impedir que el gobierno se ‘izquierdice’ y no quiera deshacer privilegios; también una ubicación especial para impedir que el fujimorismo sea quien imponga la agenda de la confrontación.

No olvidemos que es el Congreso el que le ha permitido tener esta especie de ‘luna de miel’, según los designios constitucionales, a pesar de que la oposición ha podido matemáticamente negar el voto de confianza. Es por tanto una situación que puede cambiar rápidamente, sobre todo por el poder que ha tenido el Congreso para deponer presidentes.

Los partidos moderados van a tener ahora un peso especial, es decir, un fuerte poder de negociación para impedir que el gobierno se ‘izquierdice’ y no quiera deshacer privilegios. Estos partidos tienen también ahora una ubicación especial para impedir que el fujimorismo sea quien imponga la agenda de la confrontación contra Castillo.

María del Carmen Alva, la presidenta del Congreso, de Acción Popular, quiso mostrarse como un actor moderado, de una centroderecha que dialoga pero pone orden a cualquier pretensión de ‘salvajismo’, como la de no hablar castellano, y así mostrarse capaz de desactivar los radicalismos del nuevo gobierno. Es una mujer joven con historia política que ha logrado restarle espacio a la poderosa Keiko Fujimori.

El voto de confianza logrado por Pedro Castillo relajó los nervios por un rato, sirvió para mostrar un gobierno negociador pero también firme y reconfiguró la vocería opositora, que estuvo monopolizada los últimos meses por el fujimorismo y el conservadurismo radical.

Ahora el gobierno tiene la pelota en medio de mil obstáculos.

Ociel Alí López
Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

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