¿Has oído hablar de las granjas de móviles? Una amenaza que convierte el teléfono en un objetivo de fraude
En cualquier calle de Dhaka (Bangladesh) o Shenzhen (China), tras una puerta sin identificación, podrían estar alineados cientos de teléfonos como si fueran soldados en espera. No realizan llamadas reales ni envían mensajes entre amigos, sino que generan miles de clics, «me gusta», reseñas y mensajes fraudulentos a diario.
Lo que desde afuera podría parecer una tienda de reparación o un depósito de teléfonos viejos es, en realidad, una granja de móviles. Estas instalaciones, donde se conectan cientos o incluso miles de dispositivos móviles, se han transformado en la base de un mercado ilegal.
Operan sin cesar, creando interacciones falsas en plataformas como Instagram, Google Play o TikTok, alterando métricas, manipulando tendencias y, en los casos más alarmantes, enviando campañas masivas de estafas a través de mensajes.
Plataformas como iMessage o RCS son utilizadas para llevar a cabo ataques de smishing que escapan a la detección de filtros tradicionales.
La operación es simple y agresiva. En algunas ocasiones, se contrata mano de obra barata que hace clic manualmente durante largas horas. En otros casos, se emplean sistemas automatizados que pueden controlar múltiples móviles simultáneamente.
Estas granjas cambian constantemente de dirección IP, eliminan huellas digitales y reinician identificadores de dispositivos para no ser localizadas.
Desde estas instalaciones se implementan prácticas como el ‘click flooding’, una técnica que produce miles de clics falsos en anuncios publicitarios, agotando así el presupuesto de anunciantes legítimos.
Desde Dhaka hasta Madrid, las granjas de clics fomentan el phishing a una escala sin precedentes gracias a la tecnología automatizada.
Otra técnica es el ‘install hijacking’, que interfiere en instalaciones reales de aplicaciones para cobrar comisiones fraudulentas haciéndose pasar por quienes gestionan la descarga. El objetivo de estas maniobras es siempre el mismo: obtener dinero.
La faceta más peligrosa de las granjas de clics se presenta cuando su maquinaria se dirige al smishing, una modalidad de phishing que se lleva a cabo mediante SMS o servicios de mensajería como iMessage y RCS.
En lugar de enviar correos electrónicos maliciosos, estas redes desarrollan campañas enviando mensajes que imitan notificaciones de bancos, empresas de mensajería o agencias tributarias.
Los mensajes parecen ser legítimos. Adoptan un tono formal, incluyen un enlace y advierten sobre un paquete retenido, una multa pendiente o un aviso urgente de seguridad.
Al hacer clic, el usuario es llevado a una página que replica el diseño de la entidad suplantada. Cuando la persona proporciona su información, los delincuentes la capturan. A partir de ese momento, las acciones son rápidas.
En cuestión de minutos, prueban la tarjeta robada en tiendas en línea o venden los datos en foros oscuros. Y aunque el mensaje se elimine después de ser recibido, en muchos casos, el daño ya ha sido causado.
Las granjas de teléfonos han encontrado en esta táctica una forma casi indetectable de cometer fraude. Emplean servicios cifrados, como iMessage, para eludir los filtros antispam y utilizan cuentas falsas de Apple o Google para mantener su operación en marcha.
Cada granja puede contar con cientos de teléfonos operativos, listos para enviar miles de mensajes con solo un clic. Al utilizar VPN y redes de proxies, logran simular ubicaciones reales y ocultar su origen.
Aunque muchas de estas actividades tienen lugar en países como India, China o Bangladesh, su repercusión es mundial. Según estudios recientes, este tipo de estructuras ya están activas en más de 80 países. España, Estados Unidos y otros países hispanohablantes se encuentran entre sus objetivos frecuentes.
El ecosistema digital ya no solo enfrenta virus o ataques convencionales. En la actualidad, el riesgo puede iniciar con una notificación falsa o un clic impulsivo. Y detrás de eso, puede haber una granja entera trabajando en silencio para robarte.
Mantenerse informado, desconfiar de los mensajes no solicitados y abstenerse de ingresar datos personales en sitios desconocidos ya no es solo una recomendación. Es una medida esencial de seguridad.
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