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OPINION: El emigrante dominicano – AlMomento.net

Publicado el diciembre 29, 2019

El autor

Por MAXIMO SANCHEZ

Siempre hemos pensado que el acto de emigrar, es una acción de valentía y arrojo. Quién emigra no huye, a menos que esté siendo perseguido y su vida corra peligro; quién deja una tierra firme bajo sus pies, no importando las vicisitudes que ésta le ofrezca, para ir a lo desconocido, no es un cobarde.

El fenómeno migratorio es un evento global antiquísimo, que se ha agudizado siempre en las crisis económicas y políticas que han afectado las diferentes regiones de la geografía mundial. En tiempos normales, donde la estabilidad política y económica coexiste, la migración es evidente de los lugares con economías más deprimidas, hacia las regiones con mayores índices de producción.

Una consecuencia económica de las olas migratorias es la repatriación de remesas; según informes del Banco Mundial, los principales países receptores de divisas en remesas son México, China, India, Filipinas y Vietnam; el record más alto de dinero remesado se registró en el año 2017, con 466 mil millones de dólares, provenientes de más de 250 millones de trabajadores migrantes en todo el mundo.

República Dominicana está entre los 5 países latinoamericanos que más remesas recibe desde los Estados Unidos de América; y esto es debido a una acelerada emigración de dominicanos, a partir de la desaparición de la dictadura de Rafael L. Trujillo al comienzo de la década del 1960.

El régimen de Trujillo restringía la salida de los ciudadanos dominicanos al exterior; hubo épocas de la tiranía en que solo podían viajar fuera del país, personas con permisos emitidos por organismos del gobierno; pero además había restricciones para la emisión de pasaportes, según el criterio del régimen en el manejo de esas dependencias.

Hasta ese momento, la migración dominicana había obedecido a razones políticas, profesionales, de negocios o intelectuales, buscando superación en estudios universitarios; en fin era muy exigua, tal como el reducido desarrollo del país en ese momento de su historia.

Hoy día, no podemos afirmar con certeza que en un remoto lugar de la tierra no encontraremos una persona dominicana, pues nos hemos diseminado por todo el globo, y donde menos imaginamos aparece este hombre o esta mujer procedente de esta media Isla del Caribe.

El emigrante dominicano, ha hecho una contribución al Producto Interno Bruto de nuestro país en la última década, superior al 6%; se puede decir que los dominicanos ausentes contribuyen con su país, costeando el cacareado 4% para la educación y con un porcentaje importante para la inversión en la salud del pueblo dominicano.

La importancia de las remesas en la economía dominicana, la muestran las estadísticas: Entre los años 2010 y 2017, el financiamiento por recursos externos (préstamos y exportaciones) para el presupuesto nacional varió de forma ascendente de 1550 millones de dólares en el 2010, a US2800 millones en el 2017; las remesas superaron año por año estas cantidades.

En el 2010 las divisas por remesas superaron al financiamiento externo por US2119 millones, en el año 2015 alcanzó su máximo nivel con US4600 millones, en el 2017 fue de US3130 millones; y si comparamos la entrada de remesas con la inversión externa de divisas en la economía nacional, también veríamos que la supera ostensiblemente.

Pero, todos los beneficios que los dominicanos en el exterior le dejan al país, no les hacen merecedores de ninguna retribución, ni para los familiares que dejaron en su lugar de origen, ni para ellos mismos en el lugar que ahora viven. A nuestros ciudadanos se les restringe hasta ejercer sus derechos civiles, impidiéndole el derecho de elegir y ser elegido.

Los dominicanos ausentes acaban de celebrar su fiesta de Navidad, entre ausencias y nostalgias por los familiares, amigos y costumbres de su lar nativo; alejados por las distancias y los océanos, y acercados por las facilidades de las nuevas redes comunicacionales y el avance de la ciencia digital.

Los hombres y las mujeres dominicanas, compelidos a la ausencia principalmente por sus condiciones materiales de existencia; siempre viven con la esperanza del día de regreso, aunque este nunca llegue.

Así, sobrevivientes de mil obstáculos,  con una vaga sonrisa y la pesadumbre de una dura adaptación, continúan con su existencia de duros trabajos y hermosos sueños, siempre esperando que el año que comenzará sea mejor que este que termina.

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