¿Por qué Rosario se transformó en el distrito argentino más atemorizado por el avance de grupos criminales?

¿Por qué Rosario se transformó en el distrito argentino más atemorizado por el avance de grupos criminales?

El sitio donde Lionel Messi mostró por primera vez su zurda al mundo, con uno de los puertos más relevantes para el comercio internacional y la producción agropecuaria, hoy mantiene las tasas de criminalidad más preocupantes de Argentina.

El lunes seis personas fueron asesinadas en Rosario, ciudad de la provincia de Santa Fe. Todas fueron ejecutadas en distintos horarios y de la misma forma: sorprendidas por una ráfaga de balas. Entre las víctimas de ese día, se encontraba Carlos Héctor Argüelles, quien recibió dos disparos en la cabeza frente a su esposa y sus hijos.

Argüelles sufrió su cuarto ataque desde que había accedido a colaborar como arrepentido en la investigación en contra de Esteban Alvarado, jefe de una histórica banda criminal en la ciudad conocida por ese mismo apellido.

La semana pasada, Marta Beatriz Aguirre, de 22 años, falleció tras recibir un disparo en la cabeza cuando el frente de su casa fue atacado por dos hombres en motocicleta. La vivienda recibió ocho impactos, uno de ellos ingresó por la ventana e impactó en la joven, mientras atendía una modesta heladería que funcionaba en su hogar.

A mediados de agosto, un hombre de 24 años fue ultimado por delincuentes que ingresaron por la fuerza a su vivienda. Los malhechores dispararon en contra del joven, asesinado en el acto, y su novia, quien quedó internada en terapia intensiva. Luego se dieron a la fuga, también, en una motocicleta.

La estela de violencia que golpea a unas de las principales y más pobladas ciudades del país no es casualidad.

El lugar, donde alguna vez Lionel Messi y Mario Kempes aprendieron a jugar al fútbol, con uno de los principales puertos de Sudamérica para el comercio agroexportador mundial y uno de los centros urbanos más visitados por el turismo interno, hoy tiñe sus calles de sangre y engrosa las páginas de la crónica policial en medio de un importante juicio a ‘Guille’ Ariel Cantero, líder del grupo Los Monos, otra emblemática banda delictiva dedicada al narcomenudeo y la extorsión.

Durante el 2019, la provincia de Santa Fe triplicó en homicidios a la tasa media nacional, según el último informe oficial del Ministerio Público de la Acusación. El 80 % de esos hechos, detalla la investigación, se desarrollaron en Rosario y la ciudad de Santa Fe.

Otros aspectos a considerar del informe es la serie histórica de homicidios anuales. El año con menos incidentes fue 2006, con 216 asesinatos, mientras que, en 2013, al estallar una sangrienta disputa entre grupos narcos rosarinos tras la muerte de otro de los jefes de Los Monos, la cifra ascendió a 438. Un año después, a 461, monto todavía récord.

Los monos, historia de un clan

Hace más de 25 años apareció en Rosario una organización delictiva que, con el tiempo y una metodología violenta, evolucionaría en la banda de narcotráfico más dominante de su territorio. La banda surgió en el barrio La Granada, al sur de la ciudad. Su primer líder fue Ariel Máximo Cantero, alias ‘el viejo’, hoy en libertad condicional. Él empezó con delitos comunes, pero luego, junto a sus hijos Claudio ‘Pájaro’, asesinado en 2013, y Ariel ‘Guille’ y Ramón Machuca, ambos detenidos, giraron hacia el negocio de la comercialización de distintas drogas, aumentando el número de integrantes a unos treinta.

Con un impresionante despliegue de bunkers y bocas de expendio, junto a la complicidad de sectores de la policía local (la mitad de sus miembros y colaboradores pertenecían a las fuerzas de seguridad) y funcionarios judiciales, Los Monos se apoderaron del mapa delictivo. Pero con una característica distintiva: un uso brutal de la violencia como forma de extorsión para eliminar a las otras bandas que le disputaban el territorio, como los Alvarados.

A mediados de agosto, siete de sus integrantes, entre ellos su actual líder, Ariel ‘Guille’ Cantero ─preso desde el 2014─, comenzaron a ser nuevamente juzgados en Rosario por una decena de atentados contra domicilios de jueces e instituciones judiciales cometidos entre mayo y agosto de 2018. Cuando se inició el juicio, los funcionarios de la Corte le preguntaron a ‘Guille’ a qué se dedicaba. Él fue certero: “Contrato sicarios para tirar tiros a los jueces”, dijo el delincuente, quien acumula una pena de prisión de 62 años, entre las sentencias provinciales y federales.

Políticos y jueces coinciden en algo: aún presos, Los Monos pueden generar una inestabilidad social en las calles a fin de continuar con sus extorsiones y no perder el monopolio de su negocio.

Carlos Del Frade es periodista y diputado por la provincia de Santa Fe. Desde su comienzo en la política, ha denunciado el crecimiento de las bandas criminales rosarinas y la complicidad estatal para su fortalecimiento. De hecho, el reciente asesinado Carlos Héctor Argüelles, quién declaró en contra de Esteban Alvarado, le había confesado que él seguía en la lista negra del narcocriminal.

“Este juicio a Los Monos tiene que ver con la consecuencia del primer dictamen por asociación ilícita que le hicieron entre noviembre del 2017 y mayo del 2018. Cuando las condenas quedaron efectivas, en la Justicia provincial se empiezan a dar catorce hechos de violencia contra jueces y fiscales. La mitad se los atribuyen a ‘Guille’ Cantero”, explica el diputado en diálogo con RT.

Políticos y jueces coinciden en algo: aún presos, Los Monos pueden generar una inestabilidad social en las calles a fin de continuar con sus extorsiones y, por supuesto, no perder el monopolio de su negocio. “En los barrios continúan las balaceras y las usurpaciones. Todas vinculadas a esta banda narcopolicial. Son las que más le complican la vida a la gente, porque tienen que ver con el narcomenudeo, con lo cual son los últimos eslabones de la cadena de comercialización”, agrega Del Frade.

El periodista, además, asegura que el negocio del narcotráfico en Rosario es paraestatal. “Los nichos corruptos de los estados van cambiando sistemáticamente. En lo que más se ve son en las agencias del servicio de seguridad provincial”, detalla. Y agrega: “También hay sectores políticos y judiciales que miraron hacia otro lado por mucho tiempo. El primer cargamento de cocaína llega a nuestro puerto desde Bolivia el 24 de abril de 1978 durante la dictadura. Ahí empieza la actividad”.

Para el diputado hay varios puntos decisivos en donde todas las fuerzas políticas deben ponerse de acuerdo para combatir la problemática. Entre ellos, Del Frade destaca la eliminación urgente de los nichos de corrupción de las fuerzas de seguridad. También apuntar a la máxima reducción de la circulación de las armas entre barrios vulnerables y, fundamentalmente, arremeter contra el lavado de dinero.

Agentes policiales patrullan las calles de Rosario, Argentina, septiembre de 2015Enrique Marcarian / Reuters

“Esto último hace posible el permanente reciclaje de los negocios criminales. En los barrios debe hacer una presencia virtuosa del Estado: trabajo educación, cultura y deportes. Mientras eso no ocurra, los más chicos van a ser los más perjudicados. Son ellos los primero en ser captados para trabajar en el comercio ilegal”, asevera el periodista.

Orígenes y uso político de Los Monos

La mediatización del grupo criminal liderado por la familia Cantero fue profunda. Desde que se consolidaron, Rosario fue comparada con Medellín y Sinaloa por parte de los grandes medios de comunicación, tras el avance del narcotráfico, junto a una cartelización de Los Monos. Sin embargo, muchos especialistas coinciden en que esas comparaciones están lejos de ser acertadas, dado el volumen de comercialización de droga y dinero recaudado de la banda delictiva.

Enrique Font, criminólogo e investigador rosarino, asegura que Los Monos fueron usados “políticamente” por parte del Gobierno provincial y nacional en la mal llamada “guerra contra las drogas”. “No podemos entender la historia de un delincuente poderoso o débil si no lo vemos en relación con como interactúa el Estado con él. Y a una banda cuyo su sello es la violencia, se los usó muchas veces con fines electorales. Y eso es contraproducente”, afirma Font.

Si nos remontamos a la biografía del grupo, debemos ir 40 años hacia atrás, cuando la familia Cantero se radicó en el barrio La Granada, al sur de Rosario. En esa época, sus integrantes se dedicaban al robo de caballos para usarlos como transporte en su trabajo diario como recolectores de cartones y otros insumos. De hecho, cuando uno de sus primeros jefes, Ariel Máximo Cantero, alias ‘El viejo’, es detenido se encontraba en un carro de ese estilo. “No estaba arriba de un Mercedes-Benz, sino de un caballo”, resalta el especialista.

El puerto de Rosario es uno de los más importantes del país sudamericano para el comercio internacional. Sin embargo, también es el principal punto de acceso y salida de cargamentos de drogas.

Poco a poco, los miembros se fueron vinculando en el negocio de la marihuana y también con las barras bravas del futbol rosarino. “Negociaban con el subcomisario de su barrio, algo muy básico. Fueron creciendo a principios de los ’90 gracias a la extensión del comercio de cocaína de otros países, como Bolivia y Colombia, no por sus propias virtudes. Y eso no es culpa de Los Monos, que nunca salieron de Rosario, sino de bandas más poderosas que pudieron ingresar los cargamentos con complicidad del Estado”, detalla el criminólogo.

Para Font, la ola de violencia desatada en la ciudad no solo es por el fortalecimiento de los grupos criminales, sino también por las reiteradas crisis sociales y económicas del país que los precedieron. “La presión de construir una identidad en los jóvenes más vulnerables chocaba con la exclusión de los mercados laborales. El desempleo de fines de los años ’90, puede golpearte una generación después, en términos de la atracción del delito como una forma de incluirse”, apunta el especialista.

Los puertos y la entrada de cargamentos ilegales

El puerto de Rosario es uno de los más importantes del país sudamericano. Dado el gran volumen de producción agropecuaria que tiene la provincia de Santa Fe, como la soja, sus terminales fluviales, tanto privadas como públicas, se volvieron fundamentales para el comercio internacional. Sin embargo, también es el principal punto de acceso y salida de cargamentos de drogas.

Vista aérea del puerto de Rosario, en la provincia de Santa Fe, ArgentinaMarcos Brindicci / Reuters

“Los grandes tráficos ilegales se hacen por las grandes rutas legales. El grueso es de puerto grande a puerto grande porque es más difícil controlarlo en cantidades industriales. Los volúmenes importantes de economías ilegales requieran encontrarse en lugares de economías legales y Rosario es una ciudad donde el lavado de dinero de los agronegocios es muy grande”, destaca Font.

Los Monos, sin embargo, no aplican en esta última categoría. “Nunca les incautaron grandes cantidades de estupefacientes y es porque probablemente no las tenían. La evasión de impuestos de una cerealera, en cambio, sí puede repercutir en alimentar a otros grupos de narcotraficantes más poderosos”, agrega el investigador.

Para Carlos Del Frade, los puertos privados “son focos de una actividad ilegal permanente”. “Es allí en donde comienza a aparecer el grueso de la cocaína que llega y se exporta”, señala el diputado. “La primera denuncia que se hizo al respeto la hizo la Administración de Control de Drogas de EE.UU. en 1998. Hoy el 75 % de la exportación argentina entra y sale de allí sin control. De hecho, en febrero de este año salieron 16 toneladas de cocaína atravesando el Paraná y recién se demostró cuando llegó a Europa”.

Facundo Lo Duca

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